15 de octubre de 2015

Últimamente los olores me acosan, abusan de mi y me la juegan, teletransportándome a la primera ráfaga, cuando menos me lo espero. Me llevan a lugares pasados, me plantan en medio de las situaciones y lo veo todo desde fuera: aquella mañana de nieve y té en la casa de mi padre, el día que me quedé plantada en medio de la plaza mientras llovía, los días que me dormí sobre el pecho de Diego. Es inevitable y tan incómodo que desearía terminar con mi existencia de un momento a otro.
A pesar de todo, no puedo evitar disfrutar de cada momento, por muy amargo que fuera.
Pero lo peor de todo es que no paro de ir a Ucrania. ¡No puedo parar! Y no entiendo por qué. Necesito volver a mis raíces, volver a mi árbol (del que tantas veces me caí y del que tantas veces volvería a caerme), volver al huerto de mi abuelo y mi padre, volver a pasear por el patio de mi colegio, volver a tirarme con el trineo y romperme los pantalones, volver, en fin, a mi infancia. Y en verdad, ¿no es lo que todos queremos cuando crecemos? Esa fantasía de volver a ser niño y no preocuparte por la vida porque en lo que consisten tus días son en pasártelo bien y correr de tu madre cuando has hecho algo mal.
Pero esta vez es diferente, no es una fantasía, se ha convertido en una necesidad, y siento que si no la cubro, no volveré a ser feliz en esta vida. Y lo peor de todo es que los olores no me permiten olvidarme de esto y cada vez que pueden hacen el mal, me invocan una nostalgia incontrolable y solo sé cerrar los ojos y evadirme de la vida, importándome nada todo lo que está a mi alrededor.
Tengo esperanzas en volver a todo esto, y sé que se cumplirá, antes o después, se cumplirá.

8 de mayo de 2015

Hoy me he despertado odiando todo y a todos. 
¿Por qué?

23 de marzo de 2015

A veces cuando los días buenos se me pasan tan rápido que ni si quiera puedo saborearlos, me pongo triste. Esos días son tan acojonantes que desearía que no acabaran nunca. Pero por desgracia, lo hacen.
Un buen día puede ser cualquier día. No hace falta hacer gran cosa y planearlo dos semanas para que lo sea. Sin duda (y como tanta gente ha recalcado a lo largo de la vida) los mejores días son los que no planeas. Aunque no siempre es cierto.
Para una persona tan maniática y organizada como yo, resulta confuso que un día cualquiera, sin planteamientos previos, pueda llegar a ser un buen día.

Últimamente estoy tan feliz que no soy capaz de pensar en todas las veces que una gilipollez me ha amargado el día. Y no entiendo a qué se debe tanta felicidad y emoción.
Vivo los días como si se me fuese la vida en ello. Los exprimo al máximo. Hasta la última gota. Y la verdad es que es algo que me brinda una alegría vital que no me creo ni yo misma. Aunque todo esto se contrapone al cansancio que siento continuamente, día a día, y que no me permite hacer todo lo que querría.
Pero por suerte, el viernes fue uno de esos grandes días.

10 de diciembre de 2014

Cuando estoy en la estación de tren de Alcalá esperando al mío y pasa uno de esos trenes comerciales a toda leche haciendo todo ese ruido, siento como si la vida se me escapara en ese momento. Como si toda la mierda que llevo dentro saliese despavorida en todas direcciones pero sin manchar a nadie. Y después paz. La tranquilidad vuelve a inundarme y todo se puto acaba.
Me levanto y cojo mi tren. Voy hasta Guadalajara, después hasta Horche. Y otro día más en la triste vida de Tania se acaba. Sin reflexiones (miento). Sin esfuerzos en la vida (miento). Sin nada interesante (miento). Siendo una más (por desgracia, no miento).
Miro por la ventana de la biblioteca, CRAI lo llaman, y veo un día gris y oscuro, húmedo. Pero no esa humedad que puede llegar a ser agradable, no. Esa humedad que te cala hasta los huesos y hace que una vez más te sientas un poquito más insignificante. Y desde la ventana de mi cuarto veo a mi conejo, durmiendo en soledad sobre la silla del patio, esperando alguien con quien acurrucarse. O quizás disfrutando de la tranquilidad que tiene sin que esté nadie tocándole las narices.
Puede que yo también quiera eso. No alguien a quien acurrucarme, o bueno, si se presenta la oportunidad puede que sí. Me refiero a la tranquilidad. 


Ojalá yo pudiendo estar tranquila en algún momento del día.

8 de noviembre de 2014

Hoy tenía pensado que fuese un gran día. Más bien una buena noche.
Es que lo necesito. Últimamente cuando salgo está bien, pero tampoco es para tanto. Quizá es porque las veces que he salido lo he pasado tan bien que ahora mis expectativas son más altas de lo que deberían.
Pero no pierdo la esperanza.
Será una gran noche. Al fin y al cabo es la primera vez que salgo en condiciones y encima fuera de Guadalajara. No sé qué pasará, pero presiento que será bien.
Como decía la Stacy Malibu de Lisa Simpson: Confía en ti y conseguirás todo lo que te propongas.

22 de octubre de 2014

Your skin makes me cry.

I don't care if it hurts
I WANT TO HAVE CONTROL!
I want a perfect body

I want a perfect soul

21 de octubre de 2014

Trainspotting.

"Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige buena salud, colesterol bajo y seguro dental. Elige hipoteca a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que emboban la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?"

13 de octubre de 2014

¿Por qué no soy lo suficientemente buena para nadie?
Alguien llegará y me rescatará de este pozo sin fondo.

11 de octubre de 2014

Y una vez más vuelvo a quedar como una imbécil.
Pero, por supuesto, no la última.

5 de octubre de 2014

Reencuentros.

La madre de mi madre tenía varios hermanos y hermanas, y una de esas hermanas tenía una hija. Cuando mi abuela y su hermana murieron en el accidente de coche, mi madre y su prima estrecharon su relación hasta ser uña y carne. Pero sus caminos se separaron pronto, aunque para ellas todo seguía igual. Visitas semanales y secretos. Hasta que su prima se casó y se fue a vivir a Israel. Al principio mantenían el contacto y se veían de vez en cuando, pero el tiempo pasó y como todos sabemos, la distancia suele acabar con las relaciones, sean amorosas o de amistad. Perdieron tanto el contacto que les dolía día a día.
Pero hace un año, y con ese cargo de conciencia mi madre me dijo que la buscase por Facebook. No la encontré. Me dijo que buscase a su marido. Tampoco lo encontré. Pero casi cuando ya se dio por vencida, se le ocurrió buscar a una de sus hijas, partiendo de la suposición de que si se había casado aún conservase el apellido de su padre.
Y así fue. La encontré. Decidimos enviarle un mensaje rogándole a Dios que fuese ella, pero al principio no contestaba, y mi madre volvió a perder toda esperanza. Pero un buen día, respondió. Y respondió que sí, que era ella, que su madre era a la que buscábamos y mi madre rompió a llorar.
Después de un año, la prima de mi madre y su marido han venido a visitarnos, uno de los reencuentros más emocionantes que he visto en la vida. Y son dos de las mejores personas que he conocido en la vida.
Gracias por haber vuelto (aunque para mi nunca os fuerais).