12 de mayo de 2016

Cuando de lo que va, nada va bien, ¿qué haces? ¿Si tu gran apoyo ha desaparecido en qué coño te apoyas? Cuando sólo se hacen las cosas al revés de como las quieres, ¿qué? ¿Y si sólo quieres llorar mientras no paras de comer pollo del KFC debajo de tu cama? Tirándote todas las migas por encima, teniendo pelusas de polvo debajo, y nada dentro. O solo tristeza. Eso ya al gusto del consumidor.
Me encantaría poder arreglar mi vida. Que por una vez las cosas fueran bien. O bueno, me conformo con que tirasen. De mi. Al fondo de algún precipicio.
Si mi voz no se quebrase y pudiera hablar no lo haría. Si pudiese morir tampoco. Ni vivir. Elegiría la caja, la caja siempre es la mejor opción.
Podría irme. Podría irme para sumergirme en una cultura nueva como la india y descubrir mi verdadero yo. Gilipollas. Como si aquí no pudieras hacerlo. Tú o cualquiera de los modernitos jipis que no sé por qué pero piensan esa mierda.
Sanar tu vacío con otro. Y otro. Y otro. Y así hasta superar mi récord personal de gilipollas entre las piernas.
Podría volver a los chupitos de cada viernes y querer morir los sábados.
Podría volver a fumar, que eso siempre te da un toque más enigmático.
Podría terminar mi propósito de ser una chica fitness.
Podría empezar a dedicarme a hacer vino. ¡Qué coño! Me lo terminaría bebiendo yo todo antes de que madurase y terminaría muerta.
Podría.. no sé.. aficionarme a algo. ¡Al vino! No joder, no quieres ser alcohólica.
Podría empezar a inventarme mi vida cada vez que hablo con una persona a la que no conocía de nada.
Podría aprender informática. O podría aprobar de una vez todas las asignaturas de un cuatrimestre a la primera.
Podría entrar en Masterchef. Junior, obviamente.
Podría hacerte ver todo el daño que me has hecho. Ya, pero luego ¿qué?¿Y arreglar las cosas contigo? Nah, sería infravalorarme mucho. ¿O no?
Podría delirar, como ahora.
Y comer.
Y olvidarte.
¿Me llevará mucho?

20 de abril de 2016

Indecisión, inestabilidad y aburrimiento everywhere.

2 de abril de 2016

Cinco putos años.

Soy la hija de la oscuridad, de la noche, de la soledad. Soy un incesto de la maldad y la tristeza. Vago por el mundo en busca de mi fin. Nada me atemoriza ni me emociona ni me mueve porque nada es lo que llevo dentro. El vacío se creó el día que nací pero la persona que lo descubrió se atribuyó mi puto mérito. Quiero que cualquier coche del mundo embista el mío mientras voy en él. Quiero que lo que sea embista lo que sea en lo que esté en ese momento y provoque un trauma grandísimo al mundo. No paro de respirar humo.  En verdad no quiero el fin, sólo quiero dolor y sufrimiento. Para mi. Para ti. Para todo aquel que sea feliz con algo que no me haga feliz. Quiero represión de emociones del resto del mundo. Quiero inexpresion por un tiempo. Quiero que todos seamos hermanos, hijos de la oscuridad.

11 de febrero de 2016

Si tuviese la certeza del que ha vivido una vida entera y ya no le queda nada más que vivir excepto tres despertares, tres cenas y tres últimos polvos, afirmaría que 2015 ha sido el año más cojonudo que he vivido.
¿Que por qué? Pues yo qué sé, chico. Muchas cosas, y ninguna buena.
Es brooooma.
Sí que es verdad que me he tirado mi tiempo en la mierda, tocando fondo y escarbando para llegar más abajo aún, pero qué coño, los buenos momentos.. Sí, esos le dan mil vueltas a la mierda.

9 de noviembre de 2015

Necesitaba respirar humo.

4 de noviembre de 2015

CONFESIONES VOL.IX

-Desde la serenidad y el rencor, eres un auténtico capullo.
-Estoy más salida que la nariz de Pinocho en su mejor mentira.
-Voy a ser una chica fitness.
-Odio desmaquillarme y pasar de ser Irina Shayk a ser Belén Esteban en su época dorada.
-Estoy en la cresta de la ola de la vida.
-Tania y su silla.
-Chicas, os quiero y os adoro y más cuando apoyais mis planes macabros de quemar a la gente.
-Your one bad habit was to watch me sad and feel a little bit at home.
-¿Cómo se puede ser tan puta?
- Irónicamente, de noche lo veo todo más claro.
- Últimamente pienso mucho las cosas. Más que pensar, no paro de darle vueltas a todo.
- Un puto notas adorable.
- El concierto de Kase.O me dejó sin palabras, y eso es algo realmente complicado porque siempre tengo algo que decir.
- Soy una burlá.
- Voy a ser la hostia de la guitarra.
- Mi espalda pide eutanasia.
- Quiero un novio que se llame Mauri para ser los Mauritania.

21 de octubre de 2015

Todo el mundo debería creer en algo, y yo creo que voy a seguir bebiendo.

Que siente la cabeza dicen, que no puedo ir por la vida cerrando garitos y discotecas dicen, que me apunto a un bombardeo dicen. Y yo no lo entiendo.
Tengo 20 años y se supone que no puedo seguir así. Y yo me pregunto: ¿por qué?
Estudio, trabajo, enseño a mi hermano todo lo que debería enseñarle su profesora y que no le enseña, hago las tareas del hogar, me olvido (o más bien me provoco el olvido) de tener novios, ¿y resulta que no puedo salir de vez en cuando? ¿Por qué? ¿Qué más queréis que haga? La vida no es tener un montón de obligaciones que cumplir para olvidarte de los verdaderos placeres.
Me encantaría cumplir 20 años una y otra vez, seguir sintiendo la libertad como algo cotidiano, saber que nada es imposible. ¿Imposible? ¡Ni si quiera sé lo que significa esa palabra! Vivir en un verano interminable y sacar partido a cada minuto de sol.. o de lluvia (como dicen en aquel anuncio de la ONCE).
¿Tan mal estoy llevando la vida?
Entiendo que a la gente le guste la estabilidad a largo plazo y quitarle emoción a cada viernes. Pero yo.. no puedo. Soy adicta a despertarme cada sábado y pensar "¡La que lié ayer! ¡Pero hoy vuelvo a liarla!". Salir y conocer a gente nueva, vacilar, que me vacilen, tomarme un cali detrás de otro, o como en mis tiempos mozos, un chupito detrás de otro. ¿Por qué a la gente le gusta renunciar a eso? Es más, ¿por qué quieren obligar a los demás a renunciar a ello?
Sinceramente, no os entiendo. Llamadme loca.

15 de octubre de 2015

Últimamente los olores me acosan, abusan de mi y me la juegan, teletransportándome a la primera ráfaga, cuando menos me lo espero. Me llevan a lugares pasados, me plantan en medio de las situaciones y lo veo todo desde fuera: aquella mañana de nieve y té en la casa de mi padre, el día que me quedé plantada en medio de la plaza mientras llovía, los días que me dormí sobre el pecho de Diego. Es inevitable y tan incómodo que desearía terminar con mi existencia de un momento a otro.
A pesar de todo, no puedo evitar disfrutar de cada momento, por muy amargo que fuera.
Pero lo peor de todo es que no paro de ir a Ucrania. ¡No puedo parar! Y no entiendo por qué. Necesito volver a mis raíces, volver a mi árbol (del que tantas veces me caí y del que tantas veces volvería a caerme), volver al huerto de mi abuelo y mi padre, volver a pasear por el patio de mi colegio, volver a tirarme con el trineo y romperme los pantalones, volver, en fin, a mi infancia. Y en verdad, ¿no es lo que todos queremos cuando crecemos? Esa fantasía de volver a ser niño y no preocuparte por la vida porque en lo que consisten tus días son en pasártelo bien y correr de tu madre cuando has hecho algo mal.
Pero esta vez es diferente, no es una fantasía, se ha convertido en una necesidad, y siento que si no la cubro, no volveré a ser feliz en esta vida. Y lo peor de todo es que los olores no me permiten olvidarme de esto y cada vez que pueden hacen el mal, me invocan una nostalgia incontrolable y solo sé cerrar los ojos y evadirme de la vida, importándome nada todo lo que está a mi alrededor.
Tengo esperanzas en volver a todo esto, y sé que se cumplirá, antes o después, se cumplirá.

8 de mayo de 2015

Hoy me he despertado odiando todo y a todos. 
¿Por qué?

23 de marzo de 2015

A veces cuando los días buenos se me pasan tan rápido que ni si quiera puedo saborearlos, me pongo triste. Esos días son tan acojonantes que desearía que no acabaran nunca. Pero por desgracia, lo hacen.
Un buen día puede ser cualquier día. No hace falta hacer gran cosa y planearlo dos semanas para que lo sea. Sin duda (y como tanta gente ha recalcado a lo largo de la vida) los mejores días son los que no planeas. Aunque no siempre es cierto.
Para una persona tan maniática y organizada como yo, resulta confuso que un día cualquiera, sin planteamientos previos, pueda llegar a ser un buen día.

Últimamente estoy tan feliz que no soy capaz de pensar en todas las veces que una gilipollez me ha amargado el día. Y no entiendo a qué se debe tanta felicidad y emoción.
Vivo los días como si se me fuese la vida en ello. Los exprimo al máximo. Hasta la última gota. Y la verdad es que es algo que me brinda una alegría vital que no me creo ni yo misma. Aunque todo esto se contrapone al cansancio que siento continuamente, día a día, y que no me permite hacer todo lo que querría.
Pero por suerte, el viernes fue uno de esos grandes días.