19 de abril de 2018
Que sí, que me siento muy plena ahora mismo y tal, pero es que sigo sintiendo el vacío dentro de mi pecho y sigo sintiendo que todo me da igual.
Pero que no sé, que parece que nunca voy a salir de este pozo.
23 de febrero de 2018
13 de febrero de 2018
Estaba cursando 1º de bachillerato y me tiré toda la mañana intentando no subir las escaleras delante de nadie para que no me viera el coño. No sirvió de nada.
Ayer fue la 23893ª vez. Cada vez que me sentaba y me agachaba para probarme unas botas se me rompía un poco más, hasta que llegó a ser tan grande que era evidente incluso sin fijarte en mi entrepierna.
He llegado a unos límites de gordura que no me reconozco a mi misma. Como por ansiedad. Por felicidad. Por aburrimiento. Por cualquier cosa. Y así estoy, que no sé ni de qué coño me sorprendo.
Necesito un nuevo comienzo en mi vida. Hacer las cosas bien, por una vez.
Necesito cambiar, esta vez definitivamente.
24 de enero de 2018
Quizá es como cuando te pasa algo, vas al médico y justo se te quita pero al día siguiente aparece. O no sé.
La verdad es que el sábado me teletransporté a hace unos cuantos años, a cuando las cosas aún me importaban, a cuando me paraba a pensar en lo que estaba viendo. Es increíble revivir situaciones, aunque no sean con la misma gente, aunque no sean en el mismo sitio, aunque no signifiquen lo mismo. Sólo vuelvo a ser una niña de 14 años perdida entre la inmensidad de la gente, pero ahora no por su cantidad, si no por su calidad, por todos esos mundos que llevan dentro y a los que me permiten pasar y hurgar.
A veces me entran ganas de llorar por no vivir, por no saber vivir. Pero la verdad es que creo que ni si quiera sea algo que me importe. Y de momento solo sigo pasando sin hacer ruido.
19 de enero de 2018
Nada
No me arrepiento de nada porque no me importa nada. Porque no tengo sentimientos. Porque estoy vacía.
Estás haciendo un curso con 14 asignaturas. Da igual, las volveré a suspender todas y ni si quiera me sentiré mal por ello. Ni por perder mi vida en nada. Ni nada.
Hay días que ni si quiera salgo de casa, incluso seguidos, incluso llegando a ser semanas. Y me da igual porque no hay ninguna razón por la que me parezca atractivo salir. ¿Estaré desarrollando algún tipo de agorafobia? No lo creo.
Nunca se me acelera el corazón porque nunca nada me importa lo suficiente como para hacer que sienta algún tipo de sentimiento hacia ello.
Hace años me pasó algo parecido, creía que lo había llegado a superar, pero me doy cuenta de que sigo en la misma espiral descendente de pasividad e indiferencia.
No sé ni qué mierda estoy escribiendo.
¿Realmente estoy diciendo algo?
13 de febrero de 2017
A ver, que parece muy dramático y tal, pero joder, que estoy harta de depender de todos para esto y para lo otro. Es como que no puedo tomar una decisión sin haberla consultado antes con la disponibilidad de otra persona como mi madre o mi novio o mis amigas en plan: este día quiero ser feliz, puedo o te viene mal?
Que yo os amo a todos, pero quiero ser una florecilla libre que baila a su antojo.
16 de septiembre de 2016
Ya estuve ahí.
Te he superado.
Pero no de quedar por encima de ti, sino de superación emocional. Y aunque haya sido a costa de joderte, me siento mejor que nunca.
12 de mayo de 2016
Me encantaría poder arreglar mi vida. Que por una vez las cosas fueran bien. O bueno, me conformo con que tirasen. De mi. Al fondo de algún precipicio.
Si mi voz no se quebrase y pudiera hablar no lo haría. Si pudiese morir tampoco. Ni vivir. Elegiría la caja, la caja siempre es la mejor opción.
Podría irme. Podría irme para sumergirme en una cultura nueva como la india y descubrir mi verdadero yo. Gilipollas. Como si aquí no pudieras hacerlo. Tú o cualquiera de los modernitos jipis que no sé por qué pero piensan esa mierda.
Sanar tu vacío con otro. Y otro. Y otro. Y así hasta superar mi récord personal de gilipollas entre las piernas.
Podría volver a los chupitos de cada viernes y querer morir los sábados.
Podría volver a fumar, que eso siempre te da un toque más enigmático.
Podría terminar mi propósito de ser una chica fitness.
Podría empezar a dedicarme a hacer vino. ¡Qué coño! Me lo terminaría bebiendo yo todo antes de que madurase y terminaría muerta.
Podría.. no sé.. aficionarme a algo. ¡Al vino! No joder, no quieres ser alcohólica.
Podría empezar a inventarme mi vida cada vez que hablo con una persona a la que no conocía de nada.
Podría aprender informática. O podría aprobar de una vez todas las asignaturas de un cuatrimestre a la primera.
Podría entrar en Masterchef. Junior, obviamente.
Podría hacerte ver todo el daño que me has hecho. Ya, pero luego ¿qué?¿Y arreglar las cosas contigo? Nah, sería infravalorarme mucho. ¿O no?
Podría delirar, como ahora.
Y comer.
Y olvidarte.
¿Me llevará mucho?
2 de abril de 2016
Cinco putos años.
Soy la hija de la oscuridad, de la noche, de la soledad. Soy un incesto de la maldad y la tristeza. Vago por el mundo en busca de mi fin. Nada me atemoriza ni me emociona ni me mueve porque nada es lo que llevo dentro. El vacío se creó el día que nací pero la persona que lo descubrió se atribuyó mi puto mérito. Quiero que cualquier coche del mundo embista el mío mientras voy en él. Quiero que lo que sea embista lo que sea en lo que esté en ese momento y provoque un trauma grandísimo al mundo. No paro de respirar humo. En verdad no quiero el fin, sólo quiero dolor y sufrimiento. Para mi. Para ti. Para todo aquel que sea feliz con algo que no me haga feliz. Quiero represión de emociones del resto del mundo. Quiero inexpresion por un tiempo. Quiero que todos seamos hermanos, hijos de la oscuridad.